
Hay caminos que se eligen y caminos que uno hereda. La Ruta da Prata —la Vía de la Plata de toda la vida— pertenece a los dos. Es de los trazados más viejos que llegan a Santiago de Compostela, y arranca en Sevilla para ir remontando media península hasta entrar en Galicia por Ourense. Lo que se encuentra ahí arriba el caminante: montañas, cañones de río, aldeas de piedra donde cuesta saber en qué siglo uno está. Y en medio de ese silencio, el Santuario de As Ermitas, un conjunto barroco colgado sobre el desfiladero del Bibei, en plena Valdeorras. Unir las dos rutas mezcla lo jacobeo con un patrimonio natural y arquitectónico que no tiene desperdicio.
La Ruta da Prata a su paso por Ourense: historia y etapas clave
Todo empezó como calzada romana, concretamente el eje que unía Emerita Augusta (la Mérida de hoy) con Asturica Augusta, la actual Astorga. Cuando descubrieron la tumba del Apóstol, aquel corredor de comunicaciones terminó convertirse en vía jacobea de referencia para quienes subían desde Andalucía y Extremadura. En Galicia, la ruta entra por A Gudiña y sigue hacia Vilar de Barrio y Ourense, la ciudad termal de las Burgas.
Las etapas clave en la provincia son básicamente tres:
- A Gudiña – Vilar de Barrio (unos 25 km): media montaña, paisajes de la sierra de San Mamede, portelas y aldeas serranas que el peregrino atraviesa sin prisa.
- Vilar de Barrio – Ourense (unos 22 km): descenso hacia la capital ourensana, con sus villas romanas, las Burgas y el puente romano sobre el Miño.
- Ourense – Cea – Dozón: la salida hacia el interior, con parada casi obligada en el pan de Cea, antes de enlazar con las etapas que llevan al Apóstol por Silleda.
¿Y los que prefieren el lado oriental? Hay una variante de gran valor patrimonial: el trazado que desde A Gudiña o Verín corre por Valdeorras y la Ribeira Sacra, sobre antiguos caminos romanos que acompañan a los ríos Bibei y Sil. Es ahí, justo ahí, donde está As Ermitas.
Ruta da Prata y As Ermitas: por qué enlazar ambos caminos
El santuario tiene recorrido. Fundado como eremitorio en el siglo VI y rehecho en barroco durante el XVIII, es uno de esos conjuntos religiosos raros que el sur de Galicia guarda sin alardear. Las escalinatas de los pecados capitales —famosas, sí—, las capillas excavadas en la roca y el mirador sobre el cañón del Bibei forman un lugar que conversa muy bien con la experiencia del Camino.
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Ver planes de hosting →¿Merece la pena el desvío? Yo diría que sí, y por más de un motivo:
- Tranquilidad y recogimiento: lejos de las rutas concurridas, es un remanso de silencio. Buen sitio para una jornada de descanso espiritual.
- Patrimonio barroco: la escalera monumental, el horno del Santo y las cuevas-ermita componen un conjunto escultórico y arquitectónico único.
- Naturaleza espectacular: el enclave se asienta a casi 600 metros de altitud sobre un desfiladero granítico, con senderos como la ruta de los molinos o los miradores del Bibei.
- Vinos de Valdeorras: las bodegas de la comarca están cerca, y una parada enológica cierra bien el día.
Cómo llegar desde la Vía de la Prata: desvíos y alternativas
Hay varias maneras prácticas de meter As Ermitas en un itinerario por la Ruta da Prata:
- Desde A Gudiña o Verín (tramo oriental de la Vía): la opción más natural. Desde Verín se coge la OU-622 hacia Vilar de Peras e O Barco de Valdeorras, y de ahí la carretera local que sube al santuario (unos 13 km desde A Rúa). En coche, el desvío no pasa de 20-30 minutos.
- Desde Ourense (tramo occidental): por la N-120 hasta O Barco de Valdeorras y después la OU-633 con carreteras locales hasta As Ermitas. Unos 100 km en total, aptos para coche propio o taxi.
- A pie desde A Rúa: para quien tenga tiempo, se puede montar una etapa circular o de enlace de unos 15 km que sube al santuario desde la villa valdeorresa. Desnivel fuerte. Vistas enormes a cambio.
Consejo práctico: el santuario tiene albergue y restaurante, así que dormir allí y ver amanecer sobre el cañón del Bibei es perfectamente viable. Mire los horarios de visita en la página oficial antes de salir; los cultos y la disponibilidad de alojamiento cambian según la temporada.
Sea cual sea el punto de partida, conectar la Ruta da Prata con As Ermitas convierte una etapa más de peregrinación en algo que difícilmente se olvida: fe, historia y naturaleza gallega, todo junto.
Qué ver en el Santuario de As Ermitas y su entorno natural
El Santuario de As Ermitas, declarado Bien de Interés Cultural, es una de esas joyas del barroco gallego que sorprende por dónde está: colgado de un meandro del cañón del Bibei. Su elemento más conocido es la Escalinata Sacra, una escalera monumental de más de cien escalones flanqueada por capillas que representan las estaciones del Vía Crucis. Se construyó en el siglo XVIII para salvar el desnivel de la ladera. Subirla despacio, parando en cada capilla, no se olvida fácil. Ni espiritual ni visualmente.
Estos son los elementos que no deberías pasar por alto:
- La iglesia principal, con su fachada barroca sobria, retablos dorados y la imagen del Santo Cristo de los Desamparados, muy venerado en la comarca de Valdeorras.
- Las capillas del Vía Crucis, algunas excavadas parcialmente en la roca. De ellas viene el nombre del lugar: «as ermitas», las ermitas.
- El mirador natural sobre el cañón del Bibei. Las hoces, talladas en la pizarra durante milenios, se ven espectaculares.
- Las celdas y el albergue, que evocan la vida de los ermitaños que habitaron este rincón aislado desde la época medieval.
El entorno inmediato invita a caminar. La Senda do Carocio y los tramos del antiguo camino real que bajaba hacia O Barco de Valdeorras permiten combinar la visita con rutas de una o dos horas entre castaños, robledales y molinos viejos. En primavera, con la floración y el río lleno, el paraje se vuelve de lo más fotogénico del sur de Ourense. Yo diría que de lo más fotogénico de Galicia, pero ahí cada cual con su criterio.
Consejos prácticos: horarios, dónde dormir y mejor época
Horarios y accesos
El santuario suele permanecer abierto durante todo el día, aunque los horarios de misas y del albergue cambian según la temporada y las celebraciones religiosas. Sobre todo en Semana Santa, en mayo y en las fiestas patronales. Antes de viajar, conviene preguntar en el arzobispado o en la oficina de turismo de O Barco de Valdeorras. Se accede por una carretera local asfaltada desde Viloira, transitable con cualquier vehículo normal, eso sí: estrecha en algunos tramos.
Dónde dormir
- Albergue del santuario: sencillo, austero, pensado sobre todo para peregrinos. Reserva o confirma disponibilidad con antelación.
- O Barco de Valdeorras, a unos 15 minutos en coche. Hoteles, pensiones, restaurantes y todos los servicios.
- Turismo rural en Viloira, Vilamartín de Valdeorras y A Rúa, ideal si buscas algo más tranquilo.
Mejor época para visitar
Primavera y otoño. Temperaturas suaves, paisaje en plena transformación y menos gente. El verano puede apretar en el cañón, aunque la sombra de la ladera y la cercanía del río lo moderan algo. Y en invierno, la niebla que invade la garganta crea atmósferas de una belleza rara, pocas veces igualada; pero ojo al conducir, porque exige precaución.
Consejo del peregrino: calzado cómodo con buen agarre para la Escalinata Sacra, agua en verano y cámara. El atardecer sobre el cañón del Bibei está entre los mejores de Galicia.
Conclusión: una escapada espiritual que completa tu peregrinación
Enlazar la Ruta da Prata con el Santuario de As Ermitas no es solo un desvío logístico. Es, más bien, una invitación a repensar el sentido mismo del camino. Mientras la Vía de la Plata conecta ciudades, pueblos y culturas a lo largo de siglos de historia compartida, As Ermitas ofrece otra cosa: silencio, contemplación, una belleza casi radical, suspendida sobre uno de los paisajes más sobrecogedores de Galicia.
Puede que vengas como parada de descanso en tu peregrinación a Santiago, o de excursión desde Valdeorras, o quizá con este lugar como destino único. Da igual. El santuario barroco del cañón del Bibei recuerda que los caminos de fe no se recorren solo con los pies; se viven con los sentidos y con el corazón. Planifica tu visita, respeta el lugar y déjate sorprender. Aquí la piedra, el río y la espiritualidad se encuentran, y no hace falta forzar nada para verlo.
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