Agricultura tradicional gallega: la huerta de los monjes de As Ermitas

Agricultura tradicional gallega: la huerta de los monjes de As Ermitas

La huerta de los monjes: un legado vivo de agricultura tradicional gallega

Cuando los primeros ermitaños llegaron a este cañón del río Bibei, allá por el siglo VII, no venían solo a buscar soledad para rezar. Venían, también, con hambre. La agricultura tradicional gallega que creció alrededor del Santuario de As Ermitas nace de esa doble urgencia: comer cada día y hacerlo respetando un terreno difícil, abrupto y, a la vez, maravilloso. Hoy, si caminas por los bancales que bajan hacia el Bibei, sientes que estás leyendo un libro de historia. Escrito en piedra, agua y barro.

La Serra del sur ourensano no pone las cosas fáciles. Inviernos crudos, veranos secos. Quien quiso cultivar aquí tuvo que aprender rápido: aprovechar cada palmo de suelo fértil, levantar muros de contención, traer el agua de manantial hasta donde hacía falta y quedarse solo con las variedades que aguantaban el tipo. Ese saber, pasado de padres a hijos durante siglos, forma parte del patrimonio del santuario tanto como su escalinata.

Historia de la huerta monástica en As Ermitas

Durante siglos, los monasterios y eremitorios fueron los grandes laboratorios agrarios de Europa. En As Ermitas, la comunidad que habitó el risco sobre el Bibei mantuvo huertas de subsistencia donde convivían hortalizas, legumbres, frutales y plantas medicinales. La regla era clara: del huerto salía el sustento diario. Y del cuidado del huerto nacía algo más, una práctica casi contemplativa, el opus manuum. El trabajo de las manos como oración. No hace falta ser creyente para entenderlo.

La reconstrucción barroca y su impacto agrario

Cuando en los siglos XVII y XVIII se levantó el conjunto barroco que hoy admiramos —con esa escalinata monumental excavada en la roca y los balcones volados sobre el cañón—, la huerta también se reorganizó. Se sistematizaron los bancales, se ampliaron los riegos y se plantaron castaños y cerezos que aún hoy dan sombra a los senderos de acceso. Algunos de esos castaños centenarios siguen ahí, junto al camino que sube desde la carretera. Se les puede tocar la corteza.

Cómo era (y es) cultivar en la Serra: técnicas y cultivos

La agricultura de montaña gallega se apoya en tres pilares: el socalco o bancal, el regato y la rotación. En las laderas del Bibei, muros de piedra en seco sostienen parcelas estrechas donde la pendiente se doma escalón a escalón. Paciencia, mucha paciencia.

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Los cultivos clásicos de la huerta de montaña

  • Patatas y cebolas: la base de la olla gallega. Las patatas tempranas de serra aprovechaban la umbría para conservarse mejor.
  • Grelos y repollos: sin ellos no hay caldo que valga; los grelos del sur de Ourense se recogen entre enero y marzo.
  • Alubias: las fabas secas se guardaban para el invierno y eran la proteína fundamental de la comunidad.
  • Frutales adaptados: cerezos, manzanos y castaños. Estos últimos cumplían doble función, alimenticia y simbólica, porque el magosto marcaba el calendario rural.
  • Plantas medicinales: salvia, menta, manzanilla y melisa para el botiquín del monasterio, plantadas junto a las celdas.

El agua: el verdadero tesoro del cañón

Los manantiales de la Serra alimentaban acequias de piedra que todavía se adivinan entre la vegetación. El riego por gravedad, con pequeños canalillos de tablilla o piedra llamados regos, repartía el agua en tandas pactadas entre vecinos. Un sistema comunitario que en Galicia se conoce como turno de regadío y que, sorprendentemente, sigue funcionando en algunos puntos de la comarca de Viana do Bolo y A Gudiña.

Dato de interés: los muros de piedra en seco de los bancales del Bibei son un ejemplo de arquitectura agraria reconocida por la UNESCO como patrimonio mundial de la humanidad desde 2018. En As Ermitas pueden verse buenos ejemplares durante el camino de acceso al santuario.

La huerta hoy: recuperación y turismo cultural

Tras décadas de abandono rural, la comarca vive un resurgir lento, con altibajos. Hay iniciativas locales de agricultura ecológica y de recuperación de variedades autóctonas que están devolviendo la vida a bancales antes perdidos. Algunas familias cultivan de nuevo grelos, fabas y hortalizas con métodos de siempre, y en las fiestas patronales del santuario es habitual toparse con productores vendiendo miel de brezo, castañas y embutidos de la Serra.

Rutas para descubrir la huerta y el cañón

  1. Camino del santuario: el sendero empedrado que sube desde la carretera OU-622 atraviesa antiguos bancales; 30-40 minutos a pie con fuerte desnivel.
  2. Sendero del Bibei: ruta de fondo de valle junto al río, ideal en primavera, con vistas espectaculares de los riscos donde se asienta el monasterio.
  3. Etapa del Camino de Invierno / Vía da Prata: la zona se cruza con itinerarios jacobeos históricos, perfectos para combinar patrimonio religioso y paisaje agrario.

Consejos prácticos para tu visita

  • Cómo llegar: desde Ourense, tomar la OU-536 en dirección a Viana do Bolo y desviarse por la OU-622; el santuario está señalizado. Unos 50 minutos en coche desde la capital.
  • Mejor época: primavera, para ver los bancales verdes y el Bibei con caudal. Otoño, si vas por los castaños y el magosto.
  • Calzado: los caminos son de piedra y resbalan con humedad. Botas de montaña, sin dudarlo.
  • Respeto: gran parte de las parcelas son privadas. Observa los cultivos sin entrar ni arrancar nada.
  • Complementa la visita: la plaza barroca del santuario, el balcón sobre el cañón y el puente romano de Vilela, a pocos kilómetros, cierran bien una jornada.

Preguntas frecuentes

¿Se puede visitar la huerta del santuario? Los alrededores del santuario y el camino de acceso permiten ver los antiguos bancales libremente; las parcelas cultivadas en activo son privadas y deben respetarse desde el sendero.

¿Hay productos locales a la venta? En las fiestas y romerías del santuario, así como en ferias de Viana do Bolo, se pueden comprar castañas, miel y hortalizas de la comarca.

¿Es apta la visita para niños? Sí, siempre con supervisión. Hay riscos y escalinatas pronunciadas en el conjunto barroco, así que ojo donde se camina.

Conclusión: la tierra como patrimonio

La huerta de los monjes de As Ermitas recuerda que el patrimonio no es solo arquitectura barroca o arte sacro. También es un bancal, una acequia, un castaño centenario. La agricultura tradicional gallega que aquí sobrevivió durante siglos es un testamento de equilibrio entre el ser humano y una montaña exigente, y visitarla con ojos atentos convierte un paseo por el cañón del Bibei en una lección de historia, cultura y respeto por la tierra. Acércate. Camina despacio entre los muros de piedra y deja que la Serra te cuente cómo se cultivaba —y se cultiva— el paraíso.

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