Puente medieval As Ermitas: historia y cómo visitarlo

Puente medieval As Ermitas: historia y cómo visitarlo

Cruzar el Puente medieval As Ermitas es salir de la carretera y caer de golpe en otra época. No es solo un modo de salvar las aguas turbulentas del río Bibei; es un monumento de piedra que ha aguantado siglos de historias, riadas y el paso incesante de gente que iba al santuario buscando algo más que paisaje. Si tienes pensado acercarte a este rincón de Ourense, aquí tienes lo esencial para entender su pasado y, sobre todo, para poner tu pie sobre sus losas.

Un testamento de piedra en el Camino de San Salvador

El puente sirve de umbral al Santuario de As Ermitas en un entorno que roza lo vertical. Para entender por qué está ahí, hay que mirar atrás, hasta la Edad Media. Este vial era pieza clave del Camino de San Salvador, una ruta alternativa que conectaba el Camino Francés con el Sanabrés. Era la salida para muchos peregrinos que querían evitar zonas conflictivas o, simplemente, buscaban un camino más espiritual hacia Santiago pasando por Ourense.

Al principio, pasar por aquí era un auténtico riesgo. Las crecidas del Bibei, al que llaman “el río bravío”, dejaban el santuario aislado y hacían imposible el acceso a los fieles. Hacer el puente no fue solo obra de ingeniería; fue un acto de devoción para llegar a la Virgen que hay en la cima. La estructura que vemos hoy tiene ese aire de arquitectura popular y románica tardía gallega, hecha a base de adaptarse al terreno difícil.

Arquitectura y los secretos de su fábrica

El Puente medieval As Ermitas está hecho de mampostería de pizarra y losa. Al contrario que los grandes puentes de caliza de otros sitios, aquí manda la piedra oscura, que casi se camufla con el tono gris del cañón.

Estructura y diseño

Salva el desfiladero con un único ojo de medio punto, esbelto. Su silueta ha cambiado un poco con las reparaciones de los siglos, pero sigue siendo el mismo. El arco es muy ancho, dejando pasar el agua cuando el río se enoja en otoño e invierno.

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Fíjate en el pretil. Al principio quizá no había barandilla o era muy baja, pero las consolidaciones le han dado ese aspecto robusto. Al caminar, notarás que el firme no es liso. Mantiene la irregularidad de la piedra histórica. Te obliga a bajar la vista. Un gesto simbólico de humildad, casi involuntario, justo antes de entrar en el recinto sagrado.

El entorno defensivo

Cerca del puente aún se ven restos de lo que fue una torre o casa fuerte. Esto nos recuerda que el santuario no era solo un lugar de paz, sino también un punto estratégico y vulnerable en la frontera. Hacía falta protección contra bandoleros o nobles inquietos en aquellos siglos medievales tan revueltos.

La leyenda del diablo constructor

Toda estructura medieval gallega que se precie tiene su leyenda oscura. Dicen que la anchura del cañón y la fuerza del río hacían imposible que los hombres levantaran un puente que aguantara. Los monjes, desesperados por conectar el santuario con el mundo, pidieron ayuda al diablo.

El trato era claro: el diablo ponía el puente en una noche a cambio del alma del primer ser vivo que cruzara. A la mañana siguiente, ahí estaba el puente. Perfecto. Sin embargo, los monjes —que en estas historias siempre son más astutos— soltaron un gato (o un perro, según quien te lo cuente) para que cruzara primero. El diablo, engañado, desapareció en las profundidades del Bibei. El puente se quedó ahí. Una historia que se cuenta de boca en boca y que le pone un toque de misterio a tu visita.

Cómo llegar y cruzar el Puente medieval As Ermitas

Llegar ya es parte de la aventura. El aislamiento ha conservado el lugar, pero exige un poco de planificación.

En vehículo privado

Lo más directo es ir por carretera. Desde el municipio de Larouco (Ourense), toma la que va hacia el santuario. El último tramo es una carretera estrecha que baja hacia el cañón.

  • Datos clave: Hay un parking antes de cruzar. El acceso al interior del recinto con coche está restringido a vehículos autorizados o momentos muy puntuales.
  • Recomendación: Conduce con cuidado en invierno. La humedad del cañón moja la calzada y puede helarse por la noche.

Senderismo y rutas a pie

Para quien gusta de caminar, cruzar el puente a pie es el final de una gran jornada. Hay varias rutas que conectan con el santuario:

  1. Desde O Barco de Valdeorras: Una ruta larga que sigue las orillas del Sil y se mete hacia el Bibei. Es para expertos.
  2. Ruta de los Miradores: Un sendero circular para ver el puente desde la altura antes de bajar. Desde arriba aprecias bien lo esbelto que es el arco medieval entre la vegetación.

Consejo Práctico para el visitante

Si cruzas, para te a la mitad del puente. Las vistas del cañón del Bibei hacia aguas abajo son impresionantes. Es el sitio perfecto para una foto sin filtros. Y ojo, lleva calzado con buen agarre; las piedras suelen estar resbaladizas por la humedad.

¿Qué ver una vez cruzado?

Cruzar el Puente medieval As Ermitas es solo el principio. Al otro lado te espera el Santuario, un conjunto barroco que sorprende por lo bien que se conserva y lo reculado que está. No te pierdas:

  • La Iglesia barroca: Con su espadaña de dos cuerpos y el interior que guarda la imagen de la Virgen.
  • El patio de las ermitas: Un espacio abierto donde antes estaban las celdas de los ermitaños. De ahí viene el nombre del lugar.
  • Las fuentes: Alrededor del complejo manan agua fresca. Ideal para reponer fuerzas tras la caminata.

Preguntas Frecuentes

¿Se puede cruzar el puente en coche?
No, el paso es solo para peatones para conservar la estructura y la seguridad. Tienes que dejar el vehículo en el aparcamiento de arriba.

¿Cuál es la mejor época para visitarlo?
Primavera y otoño ofrecen los mejores colores en el cañón, aunque en verano se agradece la sombra del valle.

Conclusión

El Puente medieval As Ermitas es más que una estructura funcional; es el guardián de piedra de uno de los paisajes más sobrecogedores de Galicia. Cruzarlo es pisar la misma huella que dejaron siglos atrás peregrinos, monjes y viajeros, sintiendo el rugido del río Bibei bajo tus pies. Si buscas turismo cultural y religioso, mezclando historia viva y naturaleza salvaje, este puente y el santuario que protege son parada obligada en Ourense. Lleva cámara y respeta el silencio; aquí la paz se respira con cada paso.

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