
Los puentes medievales del Bibei forman una de esas rutas patrimoniales que todavía sorprenden en el sur de Ourense, un itinerario donde piedra, agua e historia conviven en un paisaje de cañones que quitan el hipo. Durante siglos estas estructuras fueron la puerta de entrada a Galicia para peregrinos, mercaderes y legiones romanas que transitaban la Vía Nova entre Braga y Astorga. Recorrerlos hoy es meterse en un territorio de aldeas de piedra, ermitas rupestres como el Santuario de As Ermitas y desfiladeros que cortan la respiración. Literalmente.
Por qué hacer la ruta de los puentes medievales del Bibei
El Bibei lleva milenios haciendo de frontera natural entre Galicia y la meseta castellana, y cada puente que lo salva cuenta una historia de ingeniería, comercio y supervivencia. A diferencia de otras rutas más concurridas, esta conserva una autenticidad poco común: se puede caminar sobre los mismos sillares que pisaron los peregrinos del Camino de Santiago Vía de la Plata, detenerse en merenderos junto al cauce y contemplar gargantas de más de 400 metros de profundidad.
La cosa es que la ruta se presta a combinar patrimonio y naturaleza sin agobios. En un mismo día cabe visitar un puente romano-medieval declarado Bien de Interés Cultural, bañarse en las pozas del Bibei en verano y subir hasta el mirador de As Ermitas para cerrar la jornada con las mejores vistas del valle. La zona disfruta de un microclima mediterráneo que permite visitarla casi todo el año, aunque la primavera y el otoño regalan los colores más bonitos.
Los puentes imprescindibles: de A Cigarrosa a Vilardevós
El itinerario clásico arranca en el Ponte Nova da Cigarrosa, en el municipio de A Mezquita, un puente de origen medieval reconstruido en el siglo XVIII que marca la entrada al valle desde Castilla. De allí, la ruta baja aguas abajo con estas paradas esenciales:
- Ponte da Cigarrosa (A Mezquita): conserva un arco apuntado de factura medieval y es el punto habitual de inicio de los senderistas.
- Ponte vello de Vilaza: pequeño pero encantador. Perfecto para una parada fotográfica junto a molinos restaurados.
- Ponte de San Pedro (Vilardevós): uno de los mejor conservados, con sus característicos tajamares triangulares que rompen la corriente.
- Ponte Nova (Ourense-A Tréiguiz): en el tramo bajo del río, cerca de la confluencia con el Sil.
Un consejo práctico: haced el recorrido en coche combinándolo con tramos a pie, porque las distancias entre puentes pueden superar los 10 kilómetros por carreteras locales estrechas aunque en buen estado. Y llevad calzado cómodo; los accesos suelen ser caminos empedrados.
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Buscar dominio →La Rúa da Cárcova y el legado romano de la Vía Nova
Ninguna ruta por los puentes del Bibei estaría completa sin una visita a la Rúa da Cárcova de Ourense capital, el tramo urbano mejor conservado de la antigua Vía Nova, la calzada romana que unía Bracara Augusta (Braga) con Asturica Augusta (Astorga). Este callejón estrecho y empedrado, que baja hacia el puente romano de Ourense sobre el Miño, conserva el trazado original y evoca el paso de viajeros durante casi dos mil años. Cuesta no pensarlo al caminarlo.
La conexión entre la calzada y los puentes del Bibei es directa: la Vía Nova cruzaba el río precisamente por los vados que luego se articularon con puentes medievales, y junto a algunos de ellos aún se conservan miliarios romanos que señalaban las millas del trayecto. En el Museo Arqueológico Provincial de Ourense podéis ver varios de estos hitos antes de salir de ruta. Mi sugerencia: reservad al menos una jornada completa para el tramo de montaña y media mañana para la Cárcova. Si el tiempo acompaña, terminad el día subiendo a As Ermitas, donde el cañón del Bibei se despliega a vuestros pies como un mapa de piedra y silencio.
Cómo llegar y cuándo visitar la ruta
Los puentes están en el sur de Ourense, repartidos entre Viana do Bolo y A Gudiña. Lo más sencillo es salir de la capital por la N-525 hacia A Gudiña (calculad hora y media de coche) y desviarse después hacia Viana do Bolo por la OU-622. De ahí en adelante, carreteras locales estrechas —asfaltadas, eso sí— bajan hacia los núcleos ribereños como Frieira u O Barqueiro, que es donde suele empezar la gente para acercarse a la cárcova.
¿Transporte público? Poco. Hay autobús desde Ourense hasta Viana do Bolo, pero para moverse de un puente a otro casi no tenéis opción: vehículo propio o visita organizada. Llevad el depósito lleno y buen calzado, porque los aparcamientos son, en el mejor de los casos, explanadas de tierra junto a las sendas que bajan al río.
Sobre la época: yo iría en primavera, con el Bibei crecido y las orillas verdes, o en otoño, cuando los castaños y robledales se encienden de ocres. El verano aprieta en el fondo del cañón; mejor caminar temprano y con agua de sobra. Y en invierno la nieve a veces corta el acceso a las cotas altas de A Pobra de Trives y Viana, aunque el granito escarchado sobre el agua oscura compensa el esfuerzo. Para quien aguante el frío, claro.
Consejo práctico: preguntad en el ayuntamiento de Viana do Bolo por el estado de las pistas forestales antes de salir, sobre todo si ha llovido mucho, y no dejéis el coche donde pasen tractores y maquinaria agrícola.
Qué ver cerca: el Santuario de As Ermitas y los cañones del Bibei
La ruta no estaría completa sin subir al Santuario de As Ermitas, esa joya barroca del siglo XVII clavada sobre un cortado de granito en el concello de O Barco de Valdeorras. Escalinatas monumentales, capillas encaramadas, balaustradas que se asoman al vacío… una de las estampas más sobrecogedoras del patrimonio religioso gallego, hasta el punto de que a la gente le gusta llamarla el «mini Sacromonte» ourensano.
Desde el mirador del santuario el cañón del Bibei se despliega entero: paredes de cientos de metros, laderas llenas de viñedos heroicos y el hilo plateado del río muy abajo, serpenteando. En un solo vistazo se entiende por qué estas gargantas fueron durante siglos frontera natural y vía de comunicación entre Galicia, León y Trás-os-Montes.
Otros lugares recomendados en la zona
- Viana do Bolo: su castillo y su fiesta del Entroido, declarada de Interés Turístico Internacional.
- Manzaneda: estación de esquí y pueblo medieval de empedrados y balconadas.
- Viñedos de la Ribeira Sacra ourensana: bancales heroicos que trepan por el Bibei y el Sil.
- Balnearios de Caldarias y el entorno del Sil cántabro: para rematar la jornada con aguas termales.
El santuario puede visitarse todo el año, aunque se llena en las fiestas patronales y en las romerías de primavera y verano. Si vais en grupo o queréis visita guiada, llamad antes a la parroquia. La subida en coche desde la OU-636 lleva apenas veinte minutos y está bien señalizada, por cierto.
Conclusión: un viaje entre piedra, historia y naturaleza
Recorrer estos puentes es mucho más que una ruta de senderismo. Es atravesar ocho siglos de historia escritos en sillares de granito que han aguantado crecidas, guerras y años de olvido. Cada cárcova, cada puente, cuenta el empeño de comunidades que convirtieron un cañón hostil en una puerta abierta entre pueblos. Esa tenacidad, pensándolo bien, es el verdadero patrimonio de estas tierras.
Sumad ahora la emoción contemplativa de As Ermitas, la gastronomía contundente de Valdeorras y el espectáculo silencioso de los cañones, y tendréis una escapada que reúne cultura, fe y naturaleza como pocas en el noroeste peninsular. Preparad la mochila, respetad el entorno y dejad que el Bibei —testigo mudo de romanos, templarios y peregrinos— os cuente su historia a orillas del agua.
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