
La escalera procesional de As Ermitas es una de esas joyas que el barroco gallego guardó casi en secreto: un conjunto arquitectónico que despliega sus peldaños sobre el cañón del río Bibei, en el sur de la provincia de Ourense. Quien llega por primera vez al santuario, enclavado en el municipio de Chandreja de Queija, tarda un rato en entender lo que tiene delante. Porque esta escalinata no es un mero acceso al templo. Es otra cosa: un via crucis petrificado, un escenario devocional pensado para que la subida fuera ya, en sí misma, un acto de fe. Aquí te cuento qué la hace tan singular, de dónde salió su historia barroca y qué simbolismo esconde cada tramo.
Qué es la escalera procesional de As Ermitas y por qué es única
Imagina una gran escalinata de piedra que asciende por la ladera del monte hasta el santuario, articulada en tramos rectos y mesetas donde se disponen capillitas, cruceros y estaciones devocionales. Eso es, a grandes rasgos. Pero lo que de verdad impresiona es cómo se integra en el paisaje agreste del cañón del Bibei: los peldaños de granito parecen brotar de la propia roca, en diálogo con los castaños, los robles y el matorral de la sierra de Queija.
En Galicia hay pocas escaleras procesionales de esta entidad. Se pueden citar la escalinata de San Andrés de Teixido o los accesos a algunos santuarios mariños, y sin embargo la de As Ermitas se queda aparte por dos motivos: su emplazamiento vertical sobre la garganta fluvial y el hecho de que conserva intacto el carácter penitencial de aquellas subidas procesionales en las que los peregrinos ascendían cantando letanías, deteniéndose en cada estación.
- Situación espectacular: se alza sobre el desfiladero excavado por el Bibei, uno de los paisajes más dramáticos de Ourense.
- Función doble: acceso al templo y vía devocional con estaciones para el rezo procesional.
- Conjunto unitario: la escalera solo se entiende junto a las capillas repartidas por el monte, que dan nombre al lugar («as ermitas»).
Consejo práctico: sube la escalera con calma y detente en las mesetas; los miradores naturales sobre el cañón del Bibei son, probablemente, lo mejor de todo el conjunto. Y llévata calzado cómodo, porque la piedra se pone resbaladiza cuando llueve.
Historia y origen barroco del Santuario de As Ermitas
¿Por qué aquí, en mitad de la montaña? La devoción en este paraje arranca de la tradición de una aparición mariana en la zona, que motivó la construcción de una primera capilla. A ella se fueron sumando otras ermitas dispersas por el monte, en un número que la leyenda fija en un sentido simbólico (no lo puedo concretar más; la documentación deja espacio para el mito). El impulso decisivo llegó en el siglo XVII y, sobre todo, en el XVIII, cuando el fervor barroco transformó el conjunto: la iglesia principal se levantó entonces con retablos dorados, imaginería policromada y esa teatralidad tan propia del barroco gallego, pensada para conmover al peregrino.
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Ver planes de email →Fue en esa época, precisamente, cuando la escalera procesional se configura como eje del acceso al santuario, al modo de los grandes calvarios y sacromontes del barroco europeo. El lugar llegó a ser uno de los destinos de romería más concurridos del sur ourensano. Sobre todo en las fiestas de la Virgen, cuando multitudes enteras subían la ladera desde las parroquias vecinas.
Hoy el conjunto, declarado Bien de Interés Cultural, conserva una atmósfera de serena majestad. Para visitarlo, se accede desde la carretera OU-622, tomando el desvío señalizado hacia As Ermitas desde Chandreja de Queija o desde la Verea; el santuario suele mantenerse abierto durante el día, y las visitas guiadas se concentran en verano y en las fiestas patronales.
Simbolismo religioso de la escalera procesional
En la tradición cristiana, la escalera es imagen del ascenso espiritual: cada peldaño, un paso hacia Dios, un esfuerzo de purificación. As Ermitas materializa esa idea de forma casi literal. El peregrino no «entra» en el santuario. Sube hacia él, preparándose mediante el esfuerzo físico para el encuentro con la Virgen.
Las estaciones dispuestas a lo largo del recorrido convertían la subida en un vía crucis o en un rosario monumental, con paradas para el rezo. Y hay más. El ascenso, la proximidad del cielo sobre el abismo del cañón, el silencio del monte… todo compone una simbología completa: la vida como tránsito, la fe como caminar, la gloria como cima.
- Ascenso penitencial: subir a pie formaba parte del acto devocional, no solo del acceso.
- Las ermitas como estaciones: cada capilla marcaba una pausa de oración en el itinerario.
- Paisaje sagrado: el cañón del Bibei, imponente y silencioso, refuerza la sensación de trascendencia.
Esta pieza forma parte de una serie: en las próximas entregas nos adentraremos en el patrimonio interior del santuario, en las rutas de senderismo por el cañón del Bibei y en las fiestas más emblemáticas de As Ermitas.
El entorno natural: el cañón del río Bibei
Difícil entender As Ermitas sin el abismo que tiene al lado. El río Bibei ha tardado milenios en abrir este cañón entre las montañas del sur de Ourense, y el santuario se asoma a él como quien se asoma a un secreto. El lugar está declarado Lugar de Importancia Comunitaria: granito y esquisto asomando por todas partes, castaños, robles, madroños, y una vegetación de aire mediterráneo que se instala en las laderas donde da el sol. Desde los balcones del santuario, la vista se pierde sobre los meandros del río. Y ahí, quizá, se entiende por qué alguien subió a construir en un sitio tan disparatado.
Fauna y flora para el visitante atento
El cañón es refugio de rapaces: águila real, halcón peregrino. También corzos, jabalíes y nutrias en las orillas. En primavera las laderas se llenan de brezos en flor, y no es raro cruzarse con mariposas mediterráneas. Algunos consejos si vas con intención de mirar:
- Las primeras horas de la mañana son las mejores para ver aves rapaces desde los balcones del santuario.
- El otoño tiñe los castañales de oro y, de paso, te permite participar en la recogida de castañas, que ahí sigue siendo cosa de todos los años.
- Prismáticos y calzado de montaña. Los senderos son escalonados y, tras la lluvia, se quedan húmedos.
Cómo llegar, horarios y rutas cercanas al santuario
As Ermitas está en la parroquia de San Xoán de O Barco… más concretamente, en el municipio ourensano de A Veiga, a unos 12 kilómetros de Verín. Se accede desde la carretera OU-531, por un desvío señalizado que sube en curvas pronunciadas hasta el aparcamiento. En coche, desde Ourense capital, cuenta alrededor de una hora por la A-52 hasta la salida de Verín.
Datos prácticos
- Horarios: el recinto exterior está abierto todo el día; la iglesia suele estar abierta de 10:00 a 18:00, horario que se amplía en verano y durante las fiestas patronales.
- Mejor época: primavera y otoño por el clima. Y el 8 de septiembre, festividad de la Virgen, cuando llegan las romerías y los actos religiosos.
- Servicios: aparcamiento, mesas de picnic, fuentes, y alojamientos rurales en Verín y Vilardevós.
Rutas de senderismo recomendadas
- Sendero del cañón del Bibei: circular, unos 8 km, baja hasta el río y regresa al santuario. Fuerte desnivel. Vistas espectaculares.
- Camino histórico de Ourense a Castela (Vía Nova): hay tramos de calzada romana cerca, perfectos para combinar patrimonio y naturaleza.
- Ruta de los molinos y castañales: un paseo suave por las aldeas vecinas. Ideal para ir con niños.
Un aviso: si ha llovido mucho, pregunta por el estado de los senderos. Algunos tramos se vuelven resbaladizos más de lo que parecen.
Conclusión: una joya del patrimonio gallego que merece tu visita
La escalera procesional de As Ermitas es mucho más que un elemento arquitectónico. Es la puerta de entrada a un conjunto donde el barroco gallego, la devoción popular y un paisaje de vértigo se funden en una experiencia única. Pocas veces he visto el patrimonio religioso dialogar de forma tan intensa con la naturaleza como ocurre en este rincón del sur de Ourense.
Ya sea por la emoción de recorrer sus escalinatas, por la sobriedad de sus retablos o por la inmensidad del cañón del Bibei, As Ermitas justifica una escapada. Planifica tu visita, respeta el entorno y el silencio del lugar, y déjate llevar. El Bibei, testigo de siglos de fe, seguirá ahí con la misma grandeza de siempre.
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