
En As Ermitas los exvotos no son solo objetos; son el latido de una historia que nunca termina de apagarse. Encajado entre los cañones verticales del río Bibei, este santuario barroco parece suspendido en el tiempo. Es más que un monumento de piedra. Es un archivo vivo, desordenado y humano, donde miles de peregrinos han dejado su huella en cera, metal y madera. Un museo etnográfico al aire libre que pide ser leído despacio, sin prisas.
El lenguaje silencioso de la fe: ¿Qué es un exvoto?
Para entender el alma de este lugar hay que empezar por el nombre. “Exvoto” viene del latín ex voto suscepto: hecho por virtud de una promesa. Es un pacto. Un objeto entregado a la Virgen de las Ermitas —o a cualquier santo— tras haber superado un miedo, una enfermedad o un peligro inminente.
Aquí nada decora sin más. Cada pieza guarda una historia. La del marinero que vio cómo la tempestad amainaba, la del campesino que venció una fiebre que lo tiró en la cama o la de una madre agradecida por un parto sin complicaciones. Al recorrer los claustros no solo ves arte; escuchas, de alguna forma, las súplicas que se quedaron pegadas a estos muros de granito hace siglos.
Tipos de ofrendas: De la cera al metal
La variedad de lo que se encuentra es inmensa. Si miras bien, la colección de exvotos en As Ermitas revela las capas sociales y los avances tecnológicos de cada época. Podríamos agrupar estas muestras de gratitud en tres familias bien diferenciadas.
Exvotos pictóricos: Los retablos de los milagros
Lo primero que te llamará la atención son los cuadros votivos. Pequeñas tablas o lienzos que narran, sin rodeos, el instante del milagro. No faltan los carruajes volcados, las caídas desde los andamios o los enfermos iluminados por esa luz divina tan característica. Muchos los pintaron artesanos locales o los propios devotos. Tienen un valor incalculable. No son solo arte naïf; son documentos brutales sobre cómo era la vida y la muerte en la Galicia rural de antaño.
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En las vitrinas se amontonan reproducciones de partes del cuerpo. Piernas, brazos, corazones, ojos. Antes se hacían de cera de abeja o se tallaban en madera. Simbolizan aquello que dolía y ya no duele. Un corazón de cera agradece la cura de una dolencia cardíaca; unas muletas colgadas en la pared anuncian que alguien volvió a caminar. Es una forma muy física, casi visceral, de mostrar la sanación. “Aquí se curó esto”, parecen decir.
Ofrendas metálicas y textiles
Llegó la industrialización y con ella cambiaron los materiales. Aparecieron las planchas de plata o latón repujado. Siluetas de coches, aviones, tractores. La fe se adapta a los tiempos. También hay vestiduras para la Virgen, tejidas por manos de la comarca con lino y seda fina, donadas en señal de agradecimiento y que se estrenan en las grandes fiestas.
El contexto del Santuario: Arte barroco y naturaleza
Es imposible separar los exvotos en As Ermitas del marco que los cobija. El templo es una joya del barroco gallego del siglo XVIII, hincado en la roca. El silencio aquí es casi físico, roto solo por el murmullo constante del río Bibei. Un entorno que invita, casi obliga, a parar y reflexionar.
Las ofrendas ocupan cada rincón disponible. Los muros de las escalinatas y los recintos cercanos a la capilla mayor actúan como un gran lienzo where los fieles buscan el sitio más cercano a la imagen de la Virgen para dejar su testimonio. Esa acumulación de años, de siglos, crea una atmósfera densa. Te traslada a una época donde la fe no era una opción, sino el eje alrededor del cual giraba todo lo demás.
Consejo para el visitante
No te quedes en la superficie. Dedica un rato a fijarte en los detalles de los cuadros: la ropa de la gente, las herramientas de trabajo, el paisaje de fondo. Es una lección de historia social que difícilmente encontrarás en los libros de texto.
Ruta de los milagros: Cómo disfrutar de la visita
- Inicio en la portada: Antes de cruzar la puerta, para un momento. Observa la fachada y piensa en los cientos de peregrinos que llegaron aquí a pie desde Valdeorras o Quiroga, con las zapatillas deshechas.
- El interior de la Iglesia: Contempla el retablo mayor. Busca las pequeñas ofrendas que se guardan dentro por su valor o antigüedad.
- El claustro y escalinatas: Aquí es donde la magia estalla. Recorre despacio los pasillos exteriores. Es donde verás la famosa colección de cuadros votivos y las figuras de cera.
- Mirador del río: Tras ver los exvotos, baja hacia el mirador del Bibei. Es el sitio ideal para asimilar todo lo visto y conectar con la naturaleza que protege el santuario.
Datos prácticos para tu peregrinación
- Ubicación: El Santuario de As Ermitas está en Chandreja de Queija, en la frontera entre Ourense y Zamora, en pleno Cañón del Sil (aunque las aguas que lo bañan son las del Bibei).
- Cómo llegar: La vía principal es la OU-533. Si vienes desde Ourense capital, coge dirección hacia Quiroga y luego desvía hacia A Rúa/Chandreja. Ojo con el camino final, es serpenteante y las vistas son espectaculares, pero exige prudencia al volante.
- Horarios de visita: Por lo general, abren de martes a domingo por la mañana (10:00 a 14:00) y por la tarde (16:00 a 19:00). Mejor consultar en invierno, porque suelen variar.
- Mejor época: La primavera y el otoño son ideales para unir la visita cultural con el paisaje del cañón. Si quieres ver la devoción en estado puro, ven el 8 de septiembre, fiesta de la Virgen.
Preguntas Frecuentes sobre los Exvotos
¿Se siguen dejando exvotos hoy en día?
Sí. Aunque ya no tantos como antes, los fieles siguen trayendo ofrendas, flores y velas para dar gracias.
¿Se puede tomar fotografías?
Se permite el uso de cámaras sin flash para no estropear las pinturas antiguas. Solo pedimos un poco de respeto hacia el lugar sagrado.
Conclusión: Un legado de gratitud
Visitar As Ermitas es como sumergirse en un océano de espiritualidad y arte. Los exvotos en As Ermitas son el corazón que late de un pueblo que ha encontrado en este rincón de la Ribeira Sacra un refugio para sus esperanzas y sus dolencias. Cuando te marches, llevarás contigo algo más que las fotos de las vistas impresionantes del cañón. Llevarás la sensación de haber compartido un momento de intimidad con generaciones de gallegos que, hace cientos de años, dejaron aquí su miedo y su gratitud. Te esperamos para que también tú descubras la historia viva grabada en cada cuadro y cada figura de cera.
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