El Santuario de As Ermitas, allá en el cañón del Bibei (Ourense), es un sitio especial. No solo para el recogimiento, sino para que las familias se despidan de los suyos con naturalidad. Cuando alguien se va, muchos padres se preguntan: ¿los niños deberían venir al funeral? La respuesta corta es sí, pero hay que prepararlo bien. Aquí van algunas claves para que esa experiencia, en lugar de pesar, se convierta en un acto de amor que recordarán siempre.
Por qué el Santuario de As Ermitas encaja para los niños
El lugar lo tiene todo: la solemnidad barroca del templo y la inmensidad del cañón. Esa mezcla ayuda a los niños a conectar con lo sagrado a través de los sentidos. El murmullo del río, el vuelo de las rapaces, el olor a incienso. Son puentes para hablar de la muerte desde la naturaleza, sin rodeos. Y luego está la tradición gallega de celebrar misas de despedida en ermitas apartadas. Tiene algo de serenidad que favorece que los pequeños estén presentes, sin agobios.
Pautas previas: cómo hablar antes de ir
Antes de la ceremonia en el santuario, hace falta dedicar tiempo al niño. No vale con llegar y ya. Estas ideas pueden ayudar:
- Lenguaje claro y sencillo: Explica que el cuerpo ha dejado de funcionar y que su espíritu —o su recuerdo— continúa en otro lugar. Olvídate de «se ha dormido», que asusta. Mejor decir que ya no sufre.
- Describe lo que verá y oirá: Velas, incienso, cantos, flores. Dile que algunas personas llorarán, pero que esos llantos son normales, no peligrosos. Nada de lo que preocuparse.
- Pregunta qué quiere hacer: Puede encender una vela, dejar un dibujo junto a la Virgen de As Ermitas o simplemente sentarse contigo. No le obligues a nada que rechace.
- Respeta su tiempo: Se cansan antes. Siéntate cerca de la salida, por si necesita salir sin molestar a nadie.
Tip práctico: Lleva al santuario un objeto reconfortante (un peluche, su libro favorito). Así tendrá un ancla emocional durante la ceremonia. En la tienda de recuerdos pueden comprar una vela pequeña que el niño encienda como ofrenda. Un gesto simple, pero significativo.
Durante la ceremonia: roles según la edad
Las misas en As Ermitas suelen ser íntimas, lo que facilita que los niños participen. Propón estas tareas, según los años que tengan:
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- Llevar una flor al altar o ponerla junto al retablo barroco de la Virgen.
- Sujetar la mano de un adulto durante las oraciones principales.
- Estar en el banco dibujando o mirando los detalles del templo (las columnas salomónicas, los dorados). A veces eso les calma más que estar quietos.
Niños de 7 a 12 años
- Leer una breve oración o poema que hayan escrito antes.
- Ayudar a repartir el programa de la ceremonia (si lo hay).
- Participar en el rito de la paz, dando un abrazo a los asistentes.
- Acompañar a encender una vela por el difunto en el candelero del santuario.
Adolescentes
- Elegir canciones o lecturas para la misa, quizá vinculadas a la naturaleza del cañón.
- Explicar a los hermanos pequeños qué está sucediendo (a veces lo hacen mejor que los adultos).
- Ayudar a coordinar las ofrendas: colocar flores silvestres recogidas en la ribera del Bibei, por ejemplo.
Rituales simbólicos en el entorno del santuario
Más allá de la liturgia, el paraje de As Ermitas permite rituales que los niños captan al instante. Por ejemplo:
- La ofrenda al río: Tras la ceremonia, lanzar una flor al Bibei mientras se recuerda al fallecido. El agua se la lleva, como un suspiro.
- El árbol de la memoria: Atar una cinta de color en un árbol cercano al santuario. Un gesto de recuerdo que se ve, que se toca.
- La senda de las ermitas: Una breve caminata por la ruta que une las siete capillas. Detenerse en cada una para rezar o dejar una piedra como señal de recuerdo.
Estos gestos conectan a los niños con la naturaleza y con la idea de que la vida sigue, en el ciclo de las estaciones. No hace falta más.
Después de la ceremonia: acompañar el duelo infantil
La vuelta a la rutina tras la despedida es clave. Algunas recomendaciones que he visto funcionar:
- Habla de lo vivido: Pregunta qué fue lo que más le llamó la atención. Si dibujó o escribió algo, valóralo. No hace falta que sea una obra maestra.
- Normaliza las emociones: Explícale que la tristeza, la rabia o incluso la curiosidad son normales. Si quiere, puede volver al santuario otro día a encender una vela.
- Crea un ritual propio: Acordad un recuerdo semanal: mirar una foto, prender una vela en casa o visitar el mirador del cañón. Algo que os una.
Pregunta frecuente: ¿Deben los niños ver el féretro? Depende de su madurez y de si ellos quieren. En el Santuario de As Ermitas solemos recomendar que, si está abierto, se les informe antes y se les ofrezca la opción de asomarse desde lejos. Lo importante es no forzar. La imagen de la persona en paz, cubierta por flores, suele ser menos perturbadora que lo que imagina el niño. Al menos, eso he comprobado.
Información práctica para familias en el Santuario de As Ermitas
Para que la visita sea más sencilla, apunta estos datos:
- Cómo llegar: Desde Ourense capital, toma la OU-533 hacia Viana do Bolo. El santuario está señalizado a 20 km. Hay aparcamiento gratuito y zona de picnic.
- Horarios de visita: El templo abre todos los días de 10:00 a 19:00 (invierno) y hasta las 20:00 (verano). Para ceremonias privadas, llama a la oficina (tel. 988 351 234).
- Servicios: Baños adaptados, fuente de agua potable y pequeña tienda de recuerdos. No hay cafetería, pero cerca hay merenderos. Llevad algo de comer.
- Rutas cercanas: La Senda del Cañón del Bibei (1,5 km, fácil) y la Ruta de las Ermitas (3 km, con desnivel moderado). Ideales para un paseo familiar después del acto religioso.
El santuario también dispone de un espacio al aire libre para despedidas civiles, si la familia lo prefiere. Siempre con permiso previo, claro.
Un recuerdo que les acompañará
Involucrar a los niños en las ceremonias de despedida en el Santuario de As Ermitas no es solo logística. Es un acto de confianza en su capacidad de entender la muerte desde el amor y la naturaleza. El cañón del Bibei, con su belleza eterna, y la arquitectura barroca del santuario, cargada de simbolismo, ofrecen el marco perfecto para que los más pequeños vivan este trance con serenidad. Lo esencial no es la perfección del rito, sino la autenticidad del acompañamiento. Cada lágrima, cada vela encendida, cada abrazo en ese lugar sagrado quedará en su memoria como un testimonio de que, incluso en la despedida, el cariño permanece. No hace falta más. Ven a conocerlo, si puedes. La paz que emana de esos muros de granito y del rumor eterno del río habla por sí sola.
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