Retablos barrocos de As Ermitas: simbología y detalles

Imagen de portada: ilustración generada con IA.

Retablos barrocos de As Ermitas: simbología y detalles

Hay quienes suben a As Ermitas por el paisaje. Y son pocos los que vuelven sin haberse quedado un buen rato dentro de la iglesia, delante de los retablos. El santuario se abre en una garganta profunda del río Bibei, en el concello de O Bolo (Ourense), y una vez que asimilas el golpe del paisaje y del conjunto arquitectónico, la vista acaba siempre en lo mismo: un mobiliario que el decreto de declaración como Bien de Interés Cultural protege de forma expresa. Retablos, esculturas, tallas, lienzos, orfebrería. Todo eso está ahí, capilla a capilla, esperando que leas el lenguaje simbólico del barroco con calma. Aquí va una guía de qué encontrarás, en qué zona está y qué detalles merecen una segunda mirada.

Retablos barrocos de As Ermitas: qué son y dónde verlos

Los retablos no se reparten al azar. Ocupan los distintos espacios de la iglesia y el propio decreto los recoge uno a uno en su inventario de bienes muebles protegidos. Si no quieres dejar nada atrás, te sugiero recorrer el templo con este orden mental:

  • Presbiterio: el retablo mayor de la Virgen de las Ermidas, junto al lienzo del Triunfo de la Fe, el lienzo de los Misterios del Rosario y cuatro imágenes de ángeles portantes.
  • Crucero: los retablos de San Antonio de Padua, la Virgen Dolorosa, la Virgen del Rosario y la Inmaculada.
  • Nave central: los lienzos de la Virgen del Carmen y del Cristo, más la reja barroca y la pila bautismal.
  • Naves laterales: los retablos de San Luis Gonzaga y San Roque.
  • Sacristía: el altar del Crucificado, cinco tablas policromadas sobre la vida de Santo Domingo y lienzos de San Pablo, San Pedro, San Vicente Ferrer, San Basilio Magno y Santo Tomás de Aquino.

Un aviso práctico. Si el templo está abierto al culto cuando llegues, respeta las zonas reservadas a los fieles y pregunta antes de entrar en la sacristía. Las fichas turísticas oficiales no recogen horarios ni condiciones de visita, así que lo más sensato es confirmar con el Concello de O Bolo, antes de ir, cómo y cuándo se puede ver el interior.

El retablo mayor y la imagen de la Virgen de las Ermidas

El retablo mayor ocupa el presbiterio y está dedicado a la Virgen de las Ermidas, la titular del santuario y origen de su larga tradición peregrinatoria. Al mirarlo, no lo observes aislado. El lienzo del Triunfo de la Fe y el de los Misterios del Rosario completan un programa iconográfico mariano y devocional, y las cuatro imágenes de ángeles portantes remachan el carácter triunfal de todo el conjunto. Es el barroco en estado puro: escenografía total, pensada para envolver al que entra.

¿Y la imagen de la Virgen? Según describe el Concello de O Bolo, se dispone en una hornacina sobre una peana de plata, rodeada por un aro argénteo decorado con llamas y estrellas y enmarcada por cuatro figuras angélicas. Ese tratamiento argénteo y angelical convierte la hornacina en algo parecido a un pequeño relicario visual. Si puedes acercarte al lateral del altar mayor, por donde se sube al crucero para ver la figura de cerca, dedica unos minutos a estos detalles de orfebrería; el decreto de declaración los incluye entre los bienes protegidos, y no es casualidad.

El retablo del camarín y la Dormición de la Virgen

En el lateral derecho de la capilla mayor se abre el camarín, un espacio accesible para los fieles donde el decreto protege un altar que no verás en muchos otros sitios: el de la Dormición de la Virgen, que representa el trance de María al final de su vida terrena. Es un tema menos frecuente que otros ciclos marianos, y eso hace del retablo del camarín una de las piezas más singulares del santuario. Merece que te detengas más tiempo del que dedicarías a un retablo lateral cualquiera. Créeme.

Hay otra razón, más reciente, para fijarse en esta zona. Entre 2024 y 2025 se restauró el retablo barroco del camarín y catorce pinturas del templo, entre ellas retratos de San Vicente Ferrer y del obispo Antonio Senso Lázaro, de los siglos XVIII y XIX. Gracias a ese trabajo los colores originales y los detalles de talla dorada se ven hoy con mucha más claridad. ¿Vale la pena llevar cámara? Sí. Sin flash, por prudencia con las obras. Y con buen ojo, que aquí sobra mucho que mirar.

Los retablos del crucero y de las naves laterales: San Antonio, la Dolorosa y más

El presbiterio concentra la mirada en la imagen titular. Pero en el crucero te espera otra cosa: la invitación a girar sobre ti mismo. Allí se conservan cuatro retablos que el decreto de declaración de bien de interés cultural recoge expresamente. El de San Antonio de Padua, el de la Virgen Dolorosa, el de la Virgen del Rosario y el de la Inmaculada. Cada uno responde a una devoción concreta, y esa variedad dice mucho del santuario como lugar de paso: peregrinos de procedencias distintas, hermandades y cofradías que cada una encontraba aquí su altar.

En la nave central, aparte de los retablos, el decreto protege también los lienzos de la Virgen del Carmen y del Cristo, más dos piezas que no deberías pasar por alto. Una es la reja barroca, con su trabajo de hierro forjado. La otra, la pila bautismal, que conecta el conjunto con la vida parroquial cotidiana de Santa María das Ermidas. Y en las naves laterales aguardan los retablos de San Luis Gonzaga y de San Roque. Este último tiene mucho peso en la zona: la devoción al santo protector frente a la peste sigue viva en las fiestas del mes de agosto.

Cómo mirar estos retablos

  • Mira el orden de las columnas y los remates: el contraste entre columnas clásicas y salomónicas que ya viste en la fachada se repite en el lenguaje decorativo interior.
  • Observa la policromía. Los dorados no son uniformes, y en esa desigualdad se lee el trabajo de los tallistas y estofadores.
  • Identifica la iconografía: la Dolorosa con su puñal, la Inmaculada sobre el creciente, los atributos de cada santo. Un guía o la documentación del Concello de O Bolo te ayudará.
  • Trata las obras con respeto. Son bienes inventariados protegidos por la declaración.

La restauración de 2024 y 2025: cómo se recuperó este patrimonio

Ya conoces el resultado. Pero entender el proceso añade otra capa a la visita. El trabajo se centró en el retablo barroco del camarín, la pieza que enmarca la imagen de la Virgen, y en catorce obras pictóricas, entre ellas los retratos de San Vicente Ferrer y del obispo Antonio Senso Lázaro. La actuación contó con apoyo de la Xunta de Galicia y se enmarca en una década de intervenciones en el santuario: la cubierta, la torre, la casa de la administración. Todo siguiendo las líneas del plan director desarrollado entre 2012 y 2014.

¿Qué implica restaurar un retablo barroco, exactamente? Limpiar capas de suciedad y barnices oxidados, consolidar la policromía y la talla, devolver la legibilidad a los dorados sin borrar las huellas del tiempo. En los lienzos el trabajo va del fijado de craquelados a la reintegración cromática puntual. El resultado no es un interior «nuevo». Es un interior legible: ahora puedes distinguir qué es talla original, qué es repintado y qué es pátina.

Consejo práctico: pregunta en el santuario o al Concello de O Bolo si hay visitas guiadas que expliquen estas restauraciones; el propio municipio organiza visitas al conjunto en fechas señaladas. Confirma siempre disponibilidad y horarios antes de desplazarte.

Conclusión: un interior barroco que merece tu mirada atenta

Los retablos barrocos de As Ermitas no se entienden como piezas de museo. Son el corazón devocional de un santuario construido para acoger peregrinos que descendían hasta una garganta profunda del Bibei a rezar ante una imagen hallada, según la leyenda, en una cueva. Del retablo mayor con sus ángeles portantes a los altares del crucero, del lienzo del Triunfo de la Fe a la pila bautismal, cada elemento cuenta una historia de fe, de arte y de mantenimiento paciente a lo largo de los siglos.

Por eso, cuando visites el santuario de Santa María das Ermidas en O Bolo, no te conformes con una mirada general. Dedica tiempo a cada retablo, acércate al camarín, busca los detalles que las restauraciones recientes han vuelto visibles. Y antes de ir, verifica con el Concello de O Bolo los horarios de visita y las fechas de las celebraciones. El santuario vive de su gente, y llegar en un día señalado cambia por completo la experiencia. Tu cámara y tu curiosidad te lo agradecerán.

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