
Pocas veces he visto un lugar donde el paisaje y la devoción se entiendan tan bien como aquí. La Historia del Santuario de As Ermitas arranca en la Galicia eremítica medieval y no termina nunca del todo: sigue viva en el barroco del XVII, en las romerías, en la piedra que aguanta cada invierno sobre el meandro del río Bibei. Este conjunto, enclavado en el concello ourensano de Castrelo do Val, es de esos sitios que convierten fe, arte y paisaje en una sola cosa. En esta primera parte del recorrido veremos dónde se alza el santuario, cómo nació como retiro de ermitaños y qué leyenda dio pie al culto más venerado del lugar.
¿Dónde está el Santuario de As Ermitas? Un balcón sobre el cañón del Bibei
El santuario pertenece a la parroquia de Piornedo, en Castrelo do Val, al sur de la provincia de Ourense. Muy cerca quedan tanto la frontera portuguesa como el concello de Verín. Pero lo que de verdad queda grabado es el emplazamiento: un promontorio rocoso que se asoma al cañón que el Bibei ha ido excavando durante milenios. Sin exagerar, uno de los accidentes geográficos más impresionantes del interior gallego. Desde el mirador natural que forma el recinto, la horquilla fluvial de paredes casi verticales deja a más de un visitante sin palabras. A mí me pasó.
Para llegar, lo habitual es tomar la OU-541, la carretera que une Ourense con Verín, y desviarse por el ramal señalizado hacia As Ermitas a la altura de Villardevós o desde A Gudiña. En coche desde la capital ourensana, el trayecto ronda los 60 minutos; desde Verín, apenas 20. El último tramo es una carretera local con fuerte pendiente, pero se recorre sin problema y hay aparcamiento junto al santuario. Un consejo si vais en grupo o con niños: aprovechad las areas de descanso del entorno, con mesas y fuentes. Ideal para un picnic con esas vistas.
Tip práctico: la visita combina de maravilla con la ruta de los molinos del Bibei y con el Balneario de Cabreiroá, en Verín. Reservad la tarde para el santuario, al atardecer, cuando la luz dorada baña las paredes del cañón.
Historia del Santuario de As Ermitas: las raíces eremíticas medievales
El topónimo no engaña. «As Ermitas» remite directamente a las cuevas y retiros de eremitas que poblaron estas peñas durante la Edad Media. Monjes y anacoretas buscaban aquí, en la soledad del cañón del Bibei, un escenario propicio para la oración y el ascetismo, dentro de una tradición contemplativa que en Galicia hunde sus raíces en la Alta Edad Media. Las grutas practicables que se abren en la ladera, junto a la capilla principal, siguen ahí como testigos mudos de aquella vida retirada. (Mudables, mejor no decir: mudos.)
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Ver servidores VPS →El gran salto constructivo llegó en el siglo XVII, cuando la devoción popular impulsó la edificación del conjunto actual: una iglesia de factura barroca, varias capillas dispersas por la roca y las viviendas de los ermitaños que custodiaban el lugar. Destaca la escalinata flanqueada por una cruz portuguesa de granito y el airoso campanario de espadaña, que se asoma al abismo sin vértigo alguno. Los siglos XVIII y XIX fueron su época de mayor esplendor. Entonces las romerías atraían a peregrinos de toda la comarca de Viana y del vecino Trás-os-Montes portugués.
La leyenda fundacional y el culto a San Antón
Como todo lugar sagrado, As Ermitas guarda su leyenda fundacional. Cuenta la tradición que un ermitaño halló en una de las cuevas una imagen de San Antón Abad, y que el santo se manifestó en esas peñas protegiendo a los pastores y curando a los enfermos de la zona. Desde entonces, San Antón es el titular y protector del santuario, asociado —como en toda Galicia y Portugal— a la sanación del herpes zóster, al que popularmente llaman «fogo de Santo Antón». El fuego del santo. No hace falta saber latín para entender el miedo que le tenían.
La fiesta grande es el 17 de enero, día de San Antón: misa solemne, bendición de animales y una concurrida romería. En verano también se organizan romerías que mantienen viva la devoción. Si pensáis ir, estos son los datos esenciales:
- Horario habitual: acceso libre todos los días; la capilla suele estar abierta en horario de mañana y tardes (conviene confirmar en el Concello de Castrelo do Val, tel. 988 41 00 01).
- Fiesta principal: 17 de enero, con celebraciones religiosas y gastronómicas.
- Ruta sugerida: sendero circular por las capillas y miradores del cañón, apto para todos los públicos, con unas 2 horas de recorrido.
Leyenda e historia se funden aquí en una misma piedra. La que sostiene, siglos después, un santuario que sigue siendo un balcón espiritual sobre el Bibei.
El esplendor barroco del siglo XVIII: arquitectura, retablos y escalinata
El gran salto llegó con el siglo XVIII. La devoción popular, unida al empuje económico de la comarca, hizo posible levantar el conjunto que hoy deja sin palabras a quien sube hasta allí. Y es que la historia del Santuario de As Ermitas alcanza en esa centuria su momento más brillante: las pequeñas ermitas medievales se integran en una creación barroca unitaria, pensada para dialogar —y no poco— con el paisaje del cañón del Bibei.
De los retablos policromados podría decirse que son la joya del lugar. Enmarcados por celosías que filtran la luz del atardecer ourensano, estos altares delatan la maestría de los talleres barrocos gallegos: tallas doradas, columnas salomónicas, hornacinas que guardan las imágenes de devoción. Entre ellas, la venerada figura de San Telmo. Las capillas se enlazan mediante pasajes y escalinatas, de modo que la visita se convierte en algo más que un paseo; es un pequeño recorrido espiritual, también arquitectónico.
Y luego está la escalinata. Suspendida sobre el propio cañón, sostenida por muros de cantería de una solidez impresionante y flanqueada por balaustradas, desciende hacia el mirador como una escalera tendida entre el cielo y el río. Probablemente sea la estampa más fotografiada del santuario. No me extraña. Un consejo, si me permites: ve en las últimas horas de la tarde, cuando el sol poniente baña la piedra y las celosías crean juegos de luz interiores que no tienen precio. Los fines de semana hay visitas guiadas donde explican las particularidades de cada retablo y la simbología barroca de todo el conjunto.
El Camino de Invierno y el papel del santuario en la comarca de Viana
As Ermitas no se entiende sin su entorno. El santuario se alza en plena Ribeira Sacra ourensana, territorio que atraviesa el Camino de Invierno, aquella vía histórica que los peregrinos jacobeos preferían en la estación fría para esquivar las nieves de O Cebreiro. Hoy ese itinerario está señalizado como ruta jacobea oficial y pasa por la comarca de Viana do Bolo y A Gudiña. La zona, en definitiva, es un cruce de caminos espirituales.
Durante siglos, el santuario sirvió de referencia religiosa y asistencial a viajeros, pastores trashumantes y carreteros que movían sus cargas por las vías antiguas del sur de Ourense. Aquella vocación de acogida no se ha perdido: la comarca ofrece hoy una red creciente de alojamientos para peregrinos y de turismo rural en las localidades próximas.
- Conexión jacobea: desde Viana do Bolo, la carretera OU-533 acerca al santuario en unos 30 minutos de trayecto.
- Combinación recomendada: el santuario por la mañana y la villa histórica de Viana do Bolo —con su castillo y su famoso pan— por la tarde.
- Época ideal: primavera y otoño, cuando el cañón viste verdes o tintes rojizos. En invierno, ojo con la nieve en la carretera de acceso.
- Eventos: las romerías y festejos patronales concentran a media comarca; consulta el calendario festivo antes de planificar tu visita.
Conclusión: un patrimonio vivo que merece tu visita
La historia del Santuario de As Ermitas es, a la postre, la historia de la capacidad de Galicia para fundir fe, piedra y paisaje en una misma obra. Del primitivo eremitorio medieval al esplendor barroco del XVIII, cada época ha dejado aquí su huella. El resultado: retablos dorados que se reflejan sobre el abismo del Bibei y una escalinata de ensueño desde la que contemplar uno de los cañones más hermosos de la península.
Viajar hasta As Ermitas va más allá de una excursión. Es un encuentro con la Ribeira Sacra más auténtica, con las villas de la comarca de Viana y con un Camino de Invierno que recupera protagonismo año tras año. Reserva unas horas —mejor aún, un fin de semana— para recorrer sus capillas, sus miradores y sus senderos. Patrimonio vivo, naturaleza grandiosa y silencio espiritual aguardan en este balcón sobre el río. As Ermitas te espera.
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